El presidente de Liverpool F.C., José Luis Palma, volvió a la carga contra las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), insistiendo en que su único propósito es la rentabilidad económica y no el desarrollo del fútbol uruguayo. Sin embargo, sus argumentos parecen más emocionales que racionales, y sus críticas dejan más preguntas que respuestas.
«Hoy votó el fútbol uruguayo por más que se ha fomentado descaradamente el advenimiento de dinero del exterior bajo la farsa de que vienen como salvadores del fútbol uruguayo; vienen a hacer un negocio, a llevarse jugadores, no les interesa ser campeones. Si el fin de semana tienen una final y hay un jugador que en la semana se lo compran en X dinero, resignan la copa por el dinero», afirmó Palma, en un discurso que parece olvidar que el fútbol profesional siempre ha sido un negocio y que los clubes históricamente han vendido jugadores para subsistir.
Palma ensalzó la historia del fútbol uruguayo y su supuesta esencia basada en el amor a la camiseta y el sentido de pertenencia. «El fútbol uruguayo es grande porque sobrevaloró debidamente el espíritu deportivo, el amor a la camiseta, el sentido de pertenencia. Eso es lo que explica que tres millones de habitantes nos dieran cuatro copas del mundo, quince copas de América, cinco copas sudamericanas de Peñarol, tres de Nacional; y tres del mundo a Peñarol y Nacional». Pero parece ignorar que esos logros también fueron posibles gracias a la inversión privada, los traspasos de jugadores y la profesionalización del deporte.
Uno de los puntos más llamativos de su discurso fue su queja sobre los beneficios fiscales de las SAD. «Las SAD, que no son fútbol uruguayo, son inversionistas que tienen fines de lucro. ¿Cómo no van a tener inversiones en clubes de fútbol si la legislación los ampara? No pagan impuestos, como paga usted. Usted tiene una panadería, si le va bien paga el 32% de impuestos a la renta. Pero tiene que ser contribuyente de IVA, y paga patrimonio, y paga tasas de aquí y de allá. Ahora, si usted compra un club de fútbol no paga nada». La comparación resulta cuanto menos llamativa: equiparar un club de fútbol con una panadería muestra un análisis bastante superficial de las diferencias entre ambas actividades.
Las declaraciones de Palma reabren el debate sobre las SAD en el fútbol uruguayo, pero más que generar argumentos sólidos, parecen responder a una resistencia al cambio y a un apego nostálgico por un modelo que ha demostrado ser insostenible.
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