A principios del año 2020 Defensor fue armando el plantel con el que iba a disputar los torneos de dicha temporada y muchos socios e hinchas violetas comenzaron divisar y cuestionar la poca presencia de jugadores de la cantera. En aquel momento los dirigentes manifestaron que el objetivo era la conquista del Campeonato Uruguayo por parte del histórico equipo de Punta Carretas y que para lograr dicho objetivo era necesario fortalecer el plantel con jugadores experimentados.
A su vez, para reforzar el área deportiva se contrató un equipo asesor argentino, consultores profesionales que llegaron de la mano del conocimiento de Andrés Fleurquin. Este equipo deportivo fue dando las directrices para el armado del plantel al técnico Orfila en aquel entonces, debutante en los torneos uruguayos, que tampoco demostraba conocimiento acerca del medio. De esta forma, se generó temor en aquellos hinchas que desconfiaban de contrataciones múltiples en un club que tradicionalmente trabajaba con jugadores de su propia cantera.
Los resultados nunca le consolidaron una posición cómoda. Defensor no pudo ganar siquiera dos partidos seguidos y el fantasma del descenso nunca se disipó del horizonte del equipo de Punta Carretas. Los jugadores del primer equipo no tuvieron nunca la estabilidad para consolidar su actuación, y así promesas como Milán no tuvieron la espalda protegida como tantos jóvenes que en el pasado fueron determinantes y respaldados por la paciencia propia de un modelo exitoso. Tampoco fueron muchos los debuts en primera división como en temporadas anteriores y sin embargo, la rotación de los futbolistas contratados fue permanente y nunca se encontró un equipo sólido.
El irregular final del Torneo Clausura fue peor aún que el promedio. Diez fechas sin ganar, partidos perdidos en la hora, puntos que se escapaban cada vez más, malas actuaciones e inseguridades. Aún así, los rivales que acechaban daban aún posibilidades a la reacción de Defensor, que faltando cinco fechas llevaba ocho puntos de ventaja en la tabla del descenso.
Categoría, jerarquía, confianza y líneas claras desde la cabeza del club, nunca existieron y fueron consolidando un combo fatal para un plantel que no se preparó para pelear por el descenso. Las constantes e injustificadas críticas a las labores arbitrales parecieron significar una excusa, un cobijo ante los malos resultados. Incluso, las declaraciones del capitán Cardaccio sobre las presiones en el Fútbol, fueron sintomáticas sobre una realidad que no funcionaba en un plantel desamparado.
Así, Defensor nunca pudo reaccionar y frente a él equipos que sí tenían como objetivo salvarse del descenso fueron logrando resultados positivos. En la última fecha llegó lo que nadie imaginaba. En Melo, terreno hostil, Defensor debía enfrentarse a Cerro Largo.
Boston River, en el Estadio Centenario y de local la tenía más sencilla frente a un equipo que debía cuidarse para las finales. Defensor no logró en ese partido, al igual que con Rentistas, llegar una sola vez al arco rival, demostrando que el proceso de deterioro deportivo mostrado durante las últimas semanas iba a encontrar un triste final. Y así fue.
Defensor cambió la historia y lo pagó caro. No apostó a sus bases, a su cantera, a su Historia. No tuvo respeto por su cultura institucional y desconoció su linaje. Apartó figuras de peso de sus estructuras deportivas y se la jugó por extrañas apuestas técnicas, vestidas de super profesionalismo que se impusieron por control remoto, por whatsapp o por teleconferencia, despreciando a muchos de los que lo hicieron un equipo grande.
No es casualidad este descenso. Es producto de decisiones equivocadas y falta de humildad para reconocer errores, en un proceso donde hubo tiempo de dar marcha atrás.
Defensor volverá a Primera. Pero solo si se apega a sus raíces como siempre lo hizo, volverá más fuerte. La Historia con mayúscula lo estará esperando.