febrero 8, 2026

El otro modelo. Villa Española: el club que revirtió el endeudamiento, paga al día y se abrió al barrio con ingenio, austeridad y solidaridad.

“Veni, vidi, vici” (llegué, ví, vencí) dijo Julio César en el año 47 AC para describir la rapidez con la cual su ejército venció en la batalla de Zela, y podría parecer que con Villa Española pasó todo lo contrario; o más bien que el popular club del barrio del mismo nombre sólo cumplió con las dos terceras partes del dicho que la eternidad guardó de boca del histórico militar romano.

Sin embargo, Villa Española llegó –aunque, en realidad, volvió- a Primera División el 27 de octubre de 2020, el 30 del mismo mes de 2021 quedó decretado su descenso a la Segunda División Profesional, y el próximo 19 de marzo se apresta a comenzar el Campeonato Uruguayo de esta última categoría, con la frente alta, tranquilidad y hasta orgullo por lo realizado en el breve camino transitado.

“Haciéndolo de la manera que lo hicimos a nivel del club, el descenso no fue algo doloroso. Si se mira el trabajo hecho en paralelo a lo futbolístico que el club desarrolló en este tiempo, uno se debe sentir muy contento, porque en la ‘A’ logramos poner arriba de la mesa el mensaje que el club quiere dar en el plano social, y eso tuvo mucho impacto. Ahí nos sentimos ganadores, muy contentos. Ahí ganamos por goleada, y se lograron un montón de cosas que en la ‘B’ se diluyen porque la vidriera no es la misma; obvio, hay gente a la que le gusta y otra que no le gusta la forma de ser del club, pero lo real es que ese tiempo en la ‘A’ fue muy bien aprovechado en lo institucional, y también en lo deportivo, porque pese a que no pudimos hacer el esfuerzo de retener jugadores, muchos de ellos fueron a reforzar a otros equipos de Uruguay, Argentina y otros países, y eso también significa un buen trabajo en ese plano”, reflexionó Miguel Romero, el presidente de 47 años, un ex periodista muy entendido en temas de la AUF, que por eso mismo durante muchísimo tiempo había sido  antes delegado del club ante el organismo con sede en la calle Guayabos.

Con emprendimientos originales como el de la huerta gestionada por el propio plantel dentro del predio del estadio “Obdulio Varela” y el de la biblioteca instalada por los mismos jugadores adentro del vestuario, y con marcados pronunciamientos reivindicatorios de los derechos de la mujer, la diversidad, la búsqueda de los desaparecidos y los Derechos Humanos, el club estampó una impronta institucional que Romero, advirtiendo que “yo soy políticamente independiente, no soy del Frente Amplio”, reconoció que “estuvimos ahí, al límite-límite de lo político, pero todas las campañas que hicimos fueron sólo sociales, no partidarias; yo mismo lo dije en la AUF cuando alguna vez me comentaron el tema: en el estadio Nacional de Santiago hay una recordación muy visible de que en ese lugar la dictadura chilena tuvo recluidas a muchas personas que en muchos casos luego desaparecieron, y ni la FIFA ni la Conmebol dicen que las Eliminatorias o las copas continentales deben jugarse en otro lado; porque el de los Derechos Humanos no es un tema político partidario”.

Por lo demás, el dirigente reveló que “aparte de todo eso, en lo económico quedamos muy pero muy contentos, porque logramos cerrar un año 2021 sin deudas con los jugadores, los técnicos y los funcionarios, no sólo de Primera División, sino también de formativas, bajando la que tenemos con la AUF, y logrando abatir históricas deudas externas que el club tenía desde hacía muchos años”.

A propósito de esto último, Romero precisó que “a mitad de 2021 se pagaron sumas que para el club son cuantiosas y que significaron un duro impacto”, refiriéndose en forma puntual a que “empresas, que tenían embargos contra el club hicieron uso de esa opción de cobro, como fue el caso de Tenfield, que en julio de 2021 cobró la deuda por un embargo por 97.000 dólares que tenía contra el club desde 1998; algo que la empresa estaba en su derecho de hacer, pero nos representó un golpe muy grande, aunque quedamos muy satisfechos de haber podido saldar ese compromiso que Villa Española tenía desde hacía más de 20 años”.

Mirando el pasado reciente, pero ya con la vista puesta en la nueva -aunque conocida- realidad que es la del Campeonato Uruguayo de Segunda División Profesional que empieza el próximo 19 de marzo, el presidente de Villa Española hizo notar que “la gran dificultad en la vieja y querida ‘B’ es que los ingresos son inferiores a los costos mínimos de funcionamiento, lo que hace que los dirigentes, que son grandes trabajadores, deben estar las 24 horas de cada día, los 365 días del año, pensando en cómo cubrir el dinero que falta”. 

Romero indicó que, “por supuesto, la vía más fácil (para cubrir el dinero que falta) es la venta de algún jugador, pero no es tan sencillo, porque eso implicaría tomar ciertos riesgos que, por ejemplo, Villa Española no los tomó: hacer contratos a cuatro o cinco años con algunos futbolistas; pero es un riesgo que, si lo hubiéramos tomado este año pasado que estuvimos en la ‘A’, hubiésemos descendido con cuatro o cinco contratos con importes de Primera División, pero teniendo ingresos de la ‘B’, que son muy menguados”.

Frente a la situación de tener que volver hacia el pasado, la dirigencia comandada por Romero se propuso “no pagar más que lo que nos entra, lo que nos llevó a hacer un planteo interno, aceptado por todos los estamentos del club, de que todos cobren lo mismo; salvo los dirigentes, que somos muy profesionales en la forma de manejarnos, pero somos honorarios: $ 25.728 es el salario mínimo de la ‘B’, y…bueno, $ 25.728 cobran el 9, el arquero, el técnico, el coordinador deportivo, el gerente, el médico, el canchero, lo que genera el compromiso de todos los actores de saber que cobran sumas exactamente iguales”.

“Hacemos valer cada peso como un euro”, enfatizó el presidente, reiterando que desde que asumió el cargo en 2019 “implantamos el mismo régimen económico, que es lo que nos ha permitido bajar las deudas con técnicos, jugadores y otros acreedores que, salvo el caso de la AUF, quedaron en cero. Ahora, por ejemplo, cancelamos 184.000 pesos para empezar el campeonato; siempre con el mismo esquema económico: no puedo gastar más de lo que entra, igual que lo hago en mi casa”.

Funcionario administrativo de jerarquía en la UTU, donde tiene a cargo el Programa de Gestión Financiera, en base a su larga experiencia como periodista y delegado acreditado ante la AUF, y sobre todo porque no es un empírico y mucho menos un improvisado, pues ha realizado diversos cursos al más alto nivel internacional, tanto de formación empresarial como dirigencial, Miguel Romero está capacitado para hablar con propiedad

acerca de la realidad político económica del fútbol uruguayo; o, al menos, decir qué observó tras el breve lapso de doce meses en el que Villa Española cumplió con los dos primeros tercios del “Vini, vide, vici” que Julio César pronunció para explicar su rápido y concluyente triunfo en una batalla.

“La grieta política (en la AUF) existe, y pasa por la base económica, porque todos los caminos conducen a Roma: en la AUF y en el mundo del fútbol moderno todos los caminos conducen al tema del dinero; es ahí donde parte todo. En este caso, por ejemplo, la renovación de los derechos de televisación del fútbol local, que ahora falta menos para que eso se lleve a cabo”, comentó el dirigente, para enseguida precisar el respecto que “lo decimos por todas las partes: por los que quieren dejar abierta la oferta para que aparezcan otros oferentes, o los mismos oferentes con una oferta más adecuada a los tiempos actuales, donde es obsceno lo que se paga a nivel mundial por el fútbol, y parece que Uruguay fuera una isla donde los ingresos que reciben los clubes, no ya los de la ‘B’, sino los de la ‘A’, son muy menguados incluso en el marco de una analogía con el resto de los países latinoamericanos”.

Según el presidente de Villa Española, “debería haber un reparto más justo, no digo equitativo, sino más justo de los dineros que ingresan, sobre todo porque los dineros que entran por derechos de televisación ahora suben muchísimo, pues la globalización involucra todo lo que es digital, redes sociales… el streaming paga muchísimo, y eso debería readecuarse. En ese sentido, la comparación con lo que ocurre a nivel mundial, da que es muy bajo lo que percibe el fútbol uruguayo”.

“Estamos hablando de que el salario mínimo de un futbolista profesional en la ‘B’ es de $ 25.000 nominales, 400 o 440 dólares; y en la ‘A’, ese mínimo es de 1.000 o 1.100 dólares; eso a nivel mundial no existe. Obvio, también se pagan cifras obscenas en el fútbol uruguayo, pero los mínimos que les corresponden a los profesionales, que son la esencia del juego, son demasiado bajos para lo que podría percibir el fútbol local”, remarcó Miguel Romero en el cierre de su mesurado, pero muy profundo análisis.